Bajo mis ojos aparecen tus letras contando la historia del juego que hicimos aquel día tan cerca del mar; ese juego que tuvo como escenario el teatro griego, el Café Huatulco, el kiosco, la iglesia y hasta la caseta de vigilancia.
Te leo y vuelvo a encontrar ahí los papelitos que te dejé como pistas para hallarnos, mientras te imagino, desde tus letras, "en esa parte del juego que yo no vi":
"Un cronopio es una flor. Dos son un jardín.
Me encontraba caminando en espirales que se abrían con mis brazos y se cerraban en los pies. Tú, aquella niña de los ojos de mar me habías dejado una nota que decía: comienza el juego: ¿En dónde estoy?
Yo me levanté de la silla, luego de pagar la cuenta al mesero y agradecerle el haberme pasado el recado. La mar se encontraba frente a mis ojos como tu cuerpo, desnuda, esperando quizá una ola en donde sumergir mi cuerpo.
Caminé hasta la capilla, en donde se había dado la cita y allí me encontré otra nota.

La fotografié para recordar en dónde la había hallado y, con los ojos húmedos de llanto y una sonrisa, proseguí hacia la ruta trazada.


Siguiendo la línea de tus letras, llegué hasta las lanchas varadas en el muelle, desde donde sentí que iba a perderte el rastro por haber entendido mal la señal que me habías dejado.


Decía que preguntara en el Café y que un mesero me daría la otra pista.
Caminé hasta el café
y el mesero se acercó a mí con un papelito en la mano.

Le pedí que me dejara tomarle una foto, él se sorprendió de no saber que quizá también estaba jugando. Su cara de sorpresa se transformó en una de absurdo cuando le comenté que sólo se trataba de un juego.
El mensaje que tenía en mis manos decía que te hallaría en el teatro, finalmente.
Cuando llegué hasta ahí, un hombre me dijo que estabas escondiéndote de mí. Sonreí y me acerqué hasta donde pudiera verte y te tomé una foto.


En tu mano, un cigarrillo intentaba calmar tu desesperanza.
Cuando me viste, notaste que yo sonrería y luego nos abrazamos como si nos hubiésemos visto por vez primera.

¿Recuerdas aquel día?
Jezz."
La fotografié para recordar en dónde la había hallado y, con los ojos húmedos de llanto y una sonrisa, proseguí hacia la ruta trazada.
Siguiendo la línea de tus letras, llegué hasta las lanchas varadas en el muelle, desde donde sentí que iba a perderte el rastro por haber entendido mal la señal que me habías dejado.
Mas luego de un rato, entendí otra cosa y entonces fui a buscarte debajo de una caseta, en el agujerito donde se ataba la cuerda.
Seguí caminando hasta las fuentes y, de paso, me pareció verte parada al lado de una columna del teatro.
Me puse nerviosa y pensé (por segundos) que te había encontrado, mas decidí seguir las instrucciones del juego y seguir jugando. Entonces fui yo quien tuvo que esconderse para que tú no me vieras y así llegué hasta las fuentes. Seguí una a una, hasta encontrar aquella piedra debajo de la cual se encontraba el otro señuelo.
Decía que preguntara en el Café y que un mesero me daría la otra pista.
Caminé hasta el café
y el mesero se acercó a mí con un papelito en la mano.
Le pedí que me dejara tomarle una foto, él se sorprendió de no saber que quizá también estaba jugando. Su cara de sorpresa se transformó en una de absurdo cuando le comenté que sólo se trataba de un juego.
El mensaje que tenía en mis manos decía que te hallaría en el teatro, finalmente.
Cuando llegué hasta ahí, un hombre me dijo que estabas escondiéndote de mí. Sonreí y me acerqué hasta donde pudiera verte y te tomé una foto.
En tu mano, un cigarrillo intentaba calmar tu desesperanza.
Cuando me viste, notaste que yo sonrería y luego nos abrazamos como si nos hubiésemos visto por vez primera.
¿Recuerdas aquel día?
Jezz."
